Los trozos mal pegados poco a poco se van estropeando, sus bordes se difuminan y cada vez se parecen menos a los que un día fueron..
Asumir que no es posible repararlo es lo más doloroso. Hasta que llega ese momento, el camino es largo... Y lo peor, es que a pesar de alargarlo, todos sabemos que finalmente, necesitamos otro.
Las fisuras del alma no se arreglan, son como unas huellas dactilares que nos hacen ser lo que somos. Möira.