Sigo sin entender, porqué cada mañana me levanto llena de ganas y energía, y no habiendo alcanzado las cuatro de la tarde, ya estoy rendida. Rendida ante los tropiezos de mi vida.
No encuentro la escapatoria que me ayude a ver la luz de esta sociedad. Tan solo me encuentro con personas egoístas, falsas y manipuladoras. Sueño cada noche con despertar en un mundo justo, dónde los derechos de quienes vivimos en él sean respetados. Sin embargo, cada dia me doy cuenta de que mi sueño solo consiste en luchar contra molinos de viento. Jefes que saben como engañarte para que jamás alces la voz. Gobiernos, que ponen bellas palabras para decir atrocidades sin que nadie se de cuenta. Personas, que aunque sonríen, por dentro están rabiosas.
Yo, una ciudadana estúpida y sumisa, me doy cuenta de todo el tiempo que pierdo y he perdido. Te dicen que estudiar es la salida. Te dicen, que trabajar tiene recompensa. Te dicen, que con ganas en esta vida todo es posible. Y todo, todo es mentira. La verdad es que las leyes están hechas para tenernos callados. Son simples bromas con apariencia compleja, para que jamás intentemos entenderlas. Incluso quienes las estudian y practican, no son capaces de ver la trampa en la que estamos metidos.
Algo tan sencillo como una excedencia laboral, actualmente, la forma más barata de despido que tienen las empresas. Te hacen creer que respetan tu puesto de trabajo, que los años que has luchado para quedar fijo en una empresa tienen recompensa. Sin embargo, jamás puedes volver. Da igual que te hayas marchado por motivos personales. Da igual que sufrieses acoso laboral y decidieses marcharte un tiempo para recuperar fuerzas. Ellos, ya cuentan con que han ganado. Te han echado sin esfuerzo. Sin gastar dinero en ti. Sin responsabilizarse de sus actos.
Enfermas, y a la semana de una baja médica ya tienes a la mutua a tu lado poniendo en duda que realmente estés mal. Los trabajadores no tenemos derecho ni a enfermar, porque la presunción de inocencia para nosotros ha desaparecido.
En un tiempo, pensé, que pagaban justos por pecadores. En este momento, el pecado no es nuestro. Son ellos quienes quieren hacernos pensar así. El pueblo está descontento y no lo paga contra quien manda. Lo pagamos entre nosotros, porque pobres, ignorantes, creemos a quienes nos dirigen. Ya no luchamos. El ser humano se ha vuelto conformista con aquello que le toque vivir. Están desapareciendo nuestros derechos, y no hacemos nada para evitarlo.
Yo, desde mi posición, frustrada y agobiada por no poder escapar a su poder, lloro de impotencia al observar, que el resto del mundo sigue girando, y no hará nada para poner a cada uno en su lugar.
La revolución era mala cuando no había motivos. Ahora, sobran las explicaciones, y cada segundo perdido, nos conduce más rápidamente a la derrota.
lunes, 14 de febrero de 2011
jueves, 27 de enero de 2011
Demasiado Fácil
Hoy, horas antes de mi 22 cumpleaños, cumplo con el compromiso de acudir a misa. Un año del fallecimiento de su abuelo. Recuerdo como se sentían todos. Sus lágrimas. Sus suspiros. Observo.
Parecen haber sobrevivido. Respíran. Sus ojos están secos.
Parece que todo va bien. Sin embargo, presto atención. Escucho las palabras del sacerdote.
Comienzo siguiendo el ritmo de la multitud. Me siento.. Me levanto.. De momento, las palabras que entran por mis oídos y analizan mis pensamientos comienzan a dañar mi razón.
Pecados capitales. Ira divina. Responsabilidad social.
Me detengo a observar la actuación. El "Padre", una mezcla entre Javier Cámara y Rajoy, está utilizando todos sus recursos. El castigo de "Dios" a quienes no van a misa los domingos. El horror de no contribuir a la supervivencia de la Fe.
Me daña cada palabra. Me duele cada gesto afirmativo de quienes le escuchan. Cuántos años manipulando a la masa. Cuántos siglos luchando por ocultar la verdad. ¡Pobres! aquellos que dan su vida por demostrar la mentira. ¡Pobres! aquellos que compran la Falsa Salvación.
Sin embargo, me voy tranquila. La severidad del sermón me demuestra su inseguridad. Saben que aquellos que desmienten el engaño están creciendo. Saben que se acaba la superioridad. Se acaba el poder.
Tan solo la razón lleva al pensamiento cerca de la Verdad.
Môira
Hoy, horas antes de mi 22 cumpleaños, cumplo con el compromiso de acudir a misa. Un año del fallecimiento de su abuelo. Recuerdo como se sentían todos. Sus lágrimas. Sus suspiros. Observo.
Parecen haber sobrevivido. Respíran. Sus ojos están secos.
Parece que todo va bien. Sin embargo, presto atención. Escucho las palabras del sacerdote.
Comienzo siguiendo el ritmo de la multitud. Me siento.. Me levanto.. De momento, las palabras que entran por mis oídos y analizan mis pensamientos comienzan a dañar mi razón.
Pecados capitales. Ira divina. Responsabilidad social.
Me detengo a observar la actuación. El "Padre", una mezcla entre Javier Cámara y Rajoy, está utilizando todos sus recursos. El castigo de "Dios" a quienes no van a misa los domingos. El horror de no contribuir a la supervivencia de la Fe.
Me daña cada palabra. Me duele cada gesto afirmativo de quienes le escuchan. Cuántos años manipulando a la masa. Cuántos siglos luchando por ocultar la verdad. ¡Pobres! aquellos que dan su vida por demostrar la mentira. ¡Pobres! aquellos que compran la Falsa Salvación.
Sin embargo, me voy tranquila. La severidad del sermón me demuestra su inseguridad. Saben que aquellos que desmienten el engaño están creciendo. Saben que se acaba la superioridad. Se acaba el poder.
Tan solo la razón lleva al pensamiento cerca de la Verdad.
Môira
lunes, 17 de enero de 2011
Paso demasiadas horas dedicadas a la consecución de una vida que no quiero. Estoy inmersa en una espiral de acontecimientos que no dejan libertad a mis verdaderas intenciones.
El mundo, tan grande que pasa desapercibido ante nuestra mirada distraída. Observamos todas las cosas que nos rodean sin valorar realmente ninguna. Pasamos por alto los pequeños detalles que realmente hacen grandes los momentos de nuestra corta vida.
El brillo del sol reflejado en los carteles de la autovía. El amanecer de un nuevo día visto desde la lejanía. La aparición de los árboles entre la contaminación de las ciudades. La niebla, tan tenebrosa en años pasados y sin embargo, la forma más fácil que tenemos de estar cerca de las nubes.
Actualmente, la supervivencia es algo sencillo. Nuestro cuerpo se adapta con facilidad a ciudades, trabajos, hogares.. pero ¿y nuestra mente? ¿está nuestra alma adaptada el mundo que nos rodea?
Es cierto que la mayoría de los seres humanos al final de nuestra vida nos sentimos vacíos, insatisfechos y por qué no, frustrados al darnos cuenta de que la existencia que hemos tenido ha sido en balde. Nuestros logros se convierten en meras cifras que sin nosotros, ya no sirven de nada.
Por fortuna, la felicidad de nuestro ser está al alcance de nuestras manos, en esos detalles insignificantes que dejamos pasar una y mil veces. Permitir que un peatón que espera paciente cruce la calle, dejar pasar en el supermercado a la señora con la barra de pan mientras nosotros tenemos un carro entero para cobrar. Perdonar las malas palabras de aquellos que se enfadan sin motivo. Actuar sabiendo que, aunque el ser humano siga haciéndonos daño, nuestra mente está segura.
Una fotografía puede recordarnos esos bellos momentos que no valoramos en nuestra rutina diaria. Pero afortunadamente, la mejor cámara de que disponemos es nuestra memoria, y la mayor fuente de satisfacción se encuentra en ser sinceros con nosotros mismos y nuestros sentimientos.
Môira, buscando el sentido de la existencia.
El mundo, tan grande que pasa desapercibido ante nuestra mirada distraída. Observamos todas las cosas que nos rodean sin valorar realmente ninguna. Pasamos por alto los pequeños detalles que realmente hacen grandes los momentos de nuestra corta vida.
El brillo del sol reflejado en los carteles de la autovía. El amanecer de un nuevo día visto desde la lejanía. La aparición de los árboles entre la contaminación de las ciudades. La niebla, tan tenebrosa en años pasados y sin embargo, la forma más fácil que tenemos de estar cerca de las nubes.
Actualmente, la supervivencia es algo sencillo. Nuestro cuerpo se adapta con facilidad a ciudades, trabajos, hogares.. pero ¿y nuestra mente? ¿está nuestra alma adaptada el mundo que nos rodea?
Es cierto que la mayoría de los seres humanos al final de nuestra vida nos sentimos vacíos, insatisfechos y por qué no, frustrados al darnos cuenta de que la existencia que hemos tenido ha sido en balde. Nuestros logros se convierten en meras cifras que sin nosotros, ya no sirven de nada.
Por fortuna, la felicidad de nuestro ser está al alcance de nuestras manos, en esos detalles insignificantes que dejamos pasar una y mil veces. Permitir que un peatón que espera paciente cruce la calle, dejar pasar en el supermercado a la señora con la barra de pan mientras nosotros tenemos un carro entero para cobrar. Perdonar las malas palabras de aquellos que se enfadan sin motivo. Actuar sabiendo que, aunque el ser humano siga haciéndonos daño, nuestra mente está segura.
Una fotografía puede recordarnos esos bellos momentos que no valoramos en nuestra rutina diaria. Pero afortunadamente, la mejor cámara de que disponemos es nuestra memoria, y la mayor fuente de satisfacción se encuentra en ser sinceros con nosotros mismos y nuestros sentimientos.
Môira, buscando el sentido de la existencia.
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