viernes, 29 de mayo de 2015

Déjame los zapatos rojos



A veces, una parte del alma se rompe en mil pedazos. Pedazos que salen disparados hacia el infinito, perdiéndose en la nada.

Algunos trocitos se quedan vagando, esperando que alguien los recoja y los devuelva a su sitio original.

Pero, aún siendo el artesano, un maestro de la reconstrucción, ese trocito del alma jamás volverá a brillar con la misma luz. Tal vez, jamás vuelva a brillar con luz propia.

sábado, 16 de mayo de 2015

Trascendental

Trascendental, qué bonita palabra.. Todas las decisiones que tomamos en nuestra vida tienen en mi opinión la categoría de trascendentales, todas nos mandan por un camino u otro. Todas nos acercan o alejan de aquello que queremos. Sin embargo, cuando en algún momento aparece ella, en medio de una frase, de una situación, en medio de un instante de tensión, de decadencia, deja un rastro de indecisión, de temor, de añoranza, de incertidumbre del que cuesta desprenderse.

Las personas somos muy complejas, todos lo sabemos. Unas emocionales, otras racionales, y la combinación de personas resulta en momentos maravillosos, en ideas ingeniosas, en grandes descubrimientos, o en auténticos desastres. Al fin y al cabo, relacionar personas es unir mentes, y las mentes pueden unirse de muchas maneras y con diversos fines.

En esta ocasión no quiero hablar de grandes grupos de personas, ya que nos exponemos a cuestiones aún más complejas de las que quiero hablar. Y por qué no ser honestos, cuestiones aún más fuera de mi alcance y que difícilmente pueden tratarse en unas líneas.

Sin embargo, las relaciones de dos, de pareja, de amigos, de hermanos, están mucho más al alcance de todos nosotros y siempre tenemos una oportunidad de analizar y aprender de lo que vivimos.

Es difícil entender cómo los seres humanos decidimos atarnos a personas desconocidas, nos embarcamos en relaciones que no sabemos hacia dónde nos llevaran, y lo que es aún más increíble, en el caso del amor, nos embarcamos en esas relaciones en el momento en el que menos racionales somos, en el momento en el que  nuestras hormonas han tomado el control de nuestros pensamientos y nuestros actos, sin sopesar hacia dónde irá la nave cuando la "capitana pasión" se marche y la "señora razón" vuelva.

Tristemente, muchas de esas naves se hunden. Y digo tristemente porque el motivo probablemente es haber echado a la pasión del barco, y haber cedido todo el control a la razón. Pero, ¿cómo no echarla? ¿cómo recuperarla cuándo la razón ha tomado el control? Ando buscando respuestas, y la verdad es que no he encontrado ninguna que realmente me convenza. Los expertos hablan de confianza, de comunicación, de compartir momentos y respetar los ajenos; de cambio de aires, de gestos de amor. Tal vez la diferencia entre unas parejas y otras esté en la rapidez o lentitud con que esas hormonas se esfumen.

En mi opinión, la verdad es que esas hormonas se callan, y su silencio da paso a un vacío que hay que rellenar con otras cosas, y que si el espacio vacío es muy grande, y se ha vaciado muy rápido, rellenarlo es muy difícil, por mucho que te comuniques, te respetes o te dejes espacio.

Y ahí, justo en ese instante, es cuando llegó ella, en medio de una frase, ¿a qué viene tanta pregunta trascendental? 
La respuesta fue un sin fin de dudas; dudas que ahora hay que desvanecer sin saber realmente cómo hacerlo.


El amor, tan dulce como amargo. Tan presente, tan futuro y tan pasado. Môira.

martes, 12 de mayo de 2015

Tan lógico como absurdo.

Intento estudiar mientras oigo a los niños gritar en el parque y me acuerdo de la conversación que tuvimos ayer. Me resulta increíble que a día de hoy, aún haya quien considere a los niños y adolescentes responsables de su fracaso escolar. En mis conversaciones con los padres me he dado cuenta de que la mayoría de las personas que conozco no valoran, o no conocen el sentido de la motivación.

Me gusta poner siempre el mismo ejemplo:

"Si tuviéramos un sueldo a final de mes en nuestras cuentas bancarias, nos hicieran las tareas del hogar, nos dieran de comer, y todo, absolutamente todo lo que quisiéramos estuviera a nuestro alcance con tan solo pedirlo, fuese de buenas maneras, de malas, llorando o pegando, ¿madrugaríamos cada mañana para ir a trabajar?"

Parece tan sencilla la respuesta que resulta incluso absurdo preguntarlo. Sin embargo, la gran mayoría de los padres no son capaces de contemplar que ese es precisamente el caso de sus hijos. En la actualidad, se ha llegado a un punto en el que los niños lo tienen todo sin dar nada a cambio, lo cual, dificulta que encuentren motivación en su entorno para realizar ninguna de las tareas que les conciernen. Y lo que es aún peor, se les está enseñando a no valorar el sacrificio y el esfuerzo para conseguir aquello que desean o "necesitan" en ese momento.

Cuando uno es niño, la formación es el único camino que debe seguirse. Y precisamente, por ser niño,lo normal es que no se vea el valor de ese camino. La responsabilidad de inculcar ese valor está en los padres, pero no son conscientes de ello. La mayoría te dicen cosas como : ¿qué más hago? ya se lo he quitado todo. Pero tú sigues viendo cómo el niño disfruta de actividades extra-escolares innecesarias salvo para su entretenimiento, de parque, de televisión, de zapatillas, camisetas, macdonals, y todo aquello que piden sin dar palo al agua.

No se trata de encerrar a un niño en su habitación y obligarlo a estudiar, se trata de enseñarle que si quiere tener todo aquello que pide, debe dar algo a cambio: buen comportamiento, buenas notas, responsabilidad sobre sus cosas, etc. Un bonito y anticuado sistema era "la paga semanal", esa que tu madre te daba si hacías X cosas durante la semana y te portabas adecuadamente. Hoy en día, la paga semanal forma parte de las "recompensas" no ganadas del niño, y su función es "aprender a administrar su dinero".

Escribo esto porque me preocupa hacerme mayor y vivir en un mundo de jóvenes cuya única aspiración es tener un canal en youtube, que les toque la lotería, o que sus padres se vayan al asilo para quedarse en casa. Me preocupa que los padres y la sociedad en general no sean conscientes de que se está acabando con las fuentes de motivación extrínseca de las personas. Me preocupa que no nos demos cuenta de que las personas valoramos aquello que no tenemos, y que cuando lo conseguimos su valor desaparece y pasamos a otra cosa. Me preocupa que no nos demos cuenta de que sin metas, no hay futuro.

Si tengo todo lo que quiero, ¿qué hago mañana? Môira


domingo, 10 de mayo de 2015

Volvamos a pensar en voz alta

Un año, dos meses y cinco días es mucho tiempo sin escribir. Buscando por dónde empezar a coger ritmo de nuevo, he llegado a una entrada que dejé aparcada sin saber muy bien por qué. Así que allá va, comencemos a escribir de nuevo. Buenas tardes!

Son muchas las lunas que he visto desde mi ventana en 26 años. Muchos los amaneceres que me han visto abrir los ojos. Muchos inviernos. Muchos veranos. Muchos otoños. Muchas primaveras. Pero sin lugar a dudas, han sido muchas las personas que me han ayudado a llegar hasta aquí.

Como es lógico, mis padres. Pero no es lógico porque me dieran la vida. Es lógico porque me ayudaron a crecer. A caminar por los distintos caminos que iban apareciendo en mi vida. Unas veces acompañándome en el recorrido y otras, esperándome al final. Pero no han estados solos. Hay muchas, muchas personas que han hecho posible que sobreviva. Porque entre todos, me levantaban cuando me caía, me encontraban cuando me perdía, me animaban cuando sonreía y me enseñaban cuando no sabía.

Y...¿quiénes son todos? Pues todos son mi familia, mis amigos, mis compañeros de trabajo, mis compañeros de clase, mis profesores, mis vecinos... todos. 

 En este año, podría decir que mi vida ha dado un giro de 180º. Y al girar, una puede observar desde otras perspectivas a las personas que le rodean. Hay personas, que se ven iguales desde todos los ángulos. Otras cambian un poquito, de manera que el cambio es prácticamente insignificante. Pero hay otras, que no  sólo ves desde una perspectiva que antes no tenías, sino que al tiempo que tú girabas 180º, ellas lo hacían también, de forma que al final, estáis en puntos opuestos, por los que ambas habéis pasado. 

De ella puedo deciros que su nombre lo dice todo, es una lucha constante por el éxito. Unas veces acertada y otras equivocada. Es esa persona que jamás y digo JAMÀS me ha dado por perdida. Su mano ha sido tan fuerte que ha podido sacarme de los pozos más oscuros y profundos; y su sonrisa tan radiante, que ha iluminado cada instante de nuestra vida. Sin embargo, con los cambios de la vida, es ahora ella quien sin saberlo se encuentra perdida. Perdida en un mar de sentimientos enfrentados y pensamientos que le impiden ver la luz que hay al final del camino, tanto, que aún habiendo elegido mejor que nunca en su vida, se ha perdido. 

Lo curioso de las personas es que cuando nos perdemos, no sabemos que andamos perdidas. Creemos que lo sabemos todo incluso cuando no sabemos nada. Es por eso que quisiera decirle lo mucho que ha crecido, que ha aprendido, y lo maravillosa que puede ser ahora su vida desde una nueva perspectiva. Quisiera poder decirle que llegará el día en que realmente deje de mirar a lo lejos y tan sólo tenga que volverse para ver todo lo que quiere. Quisiera que pudiera entenderme cuando le digo que está cerca el final del camino. Que sé que anda buscando y que a veces, sin querer, encontramos. 



Cuando menos lo esperamos, es cuando realmente lo disfrutamos. Môira.