lunes, 23 de septiembre de 2013

No sabemos lo que tenemos...

Corre un dicho popular "No sabemos lo que tenemos hasta que lo hemos perdido".

¿Por qué? 

¿Acaso no apreciamos aquello que hemos conseguido? ¿No valoramos a las personas que amamos?

Es más, ¿no somos conscientes de lo afortunados que somos por ver el sol cada mañana? ¿Por las oportunidades que nos brinda la vida?

En mi opinión, ese dicho popular no lleva ninguna razón. Claro que sabemos lo que tenemos cuando lo tenemos. Claro que amamos y nos sentimos afortunados al poder amar a esas personas. Claro que nos alivia ver que seguimos vivos cada mañana. Claro que nos empuja la vida cada día con las oportunidades que se plantean ante nosotros.

La diferencia está en que cuando no tenemos algo, no lo echamos en falta porque no nos pertenece. No es que no sepamos lo que tenemos, es que olvidamos lo que había antes y por tanto, nos sentimos perdidos cuando ya no lo tenemos. Es la incertidumbre, el cambio, lo que marca esa diferencia.

Un ejemplo algo pobre, un coche.

Antes de tenerlo, te mueves a pie, en bus, en bici, etc. Te las ingenias. Eres consciente de las mil posibilidades que tienes para desplazarte.

Tienes un coche, y lo pierdes (por cualquier motivo).

¿No sabías lo cómodo que era tener el coche antes de perderlo? Por supuesto, lo sabías.

Lo que has olvidado es que antes, sin el coche, podías hacer las mismas cosas y no había ningún problema. Has olvidado que sin el coche también podías desplazarte, sólo que de otra manera.

Sé que suena absurdo, pero pongamos un ejemplo más emocional, perder una pareja.

¿Realmente no sabías lo que te aportaba tu pareja mientras estabas con ella? ¿No la valorabas? ¿No la amabas?

Por supuesto que la respuesta es si, aunque hayas sido el/la mayor cabrón/a del mundo, sabes lo que tienes. Y seamos sinceros, cuando despreciamos algo no es porque no seamos conscientes de lo que vale, sino porque sencillamente, no nos interesa.

Lo que no recuerdas es que había antes de ese fin. Te has olvidado a ti mism@ y ahora crees que no has sabido apreciar lo que tenías.

Pero por supuesto como siempre, es una reflexión...

Mirar hacia adelante y asumir que caminos hay mil Môira


lunes, 2 de septiembre de 2013

Todas las princesas buscan el amor

Estar en contacto con muchos hombres me ha hecho darme cuenta de lo poco que entienden a las mujeres. ¡Qué falta de psicología femenina!

Muchas de nosotras, reconocemos abiertamente que queremos que nos cuiden, nos comprendan, nos mimen, y por encima de todo, que nos amen.

Muchas de nosotras, reconocemos que nos gusta ser libres, independientes, que podemos con lo que nos echen, y que por encima de todo, no necesitamos a nadie.

Muchas de nosotras hablamos abiertamente de sexo, y reconocemos que los hombres y/o mujeres sólo cumplen la función de solventar las necesidades del cuerpo.

Pero la verdad, amigos míos, es que hasta la más solitaria, la más hippie, la más heavy, la más pija, la más garrula, la más empollona, la más lo que queráis, cuando llega esa otra persona que la hace vibrar sólo con una mirada recuerda lo que es el amor.

Hay mil maneras de amar. Hay relaciones de todos los tipos, pero todas, todas las princesas, sea cual sea su reino, cuando llega su príncipe azul, o su princesa, se ilusionan, se emocionan, sonríen, lloran y sueñan.

Porque aunque no queramos reconocerlo, amigos míos, somos seres sociales. Necesitamos a los demás. Todos y cada uno de nosotros, en algún momento de nuestra vida, agradecemos tener a nuestro lado a esa otra persona que nos apoya y nos comprende y con quien no tenemos que ocultarnos.


Amo como ama el amor. No conozco otra razón para amar que amarte. ¿Qué quieres que te diga además de que te amo, si lo que quiero decirte es que te amo?

El amor a la soledad refleja el orgullo que nos impide reconocer que no queremos estar solos. Môira