lunes, 14 de febrero de 2011

Sigo sin entender, porqué cada mañana me levanto llena de ganas y energía, y no habiendo alcanzado las cuatro de la tarde, ya estoy rendida. Rendida ante los tropiezos de mi vida.

No encuentro la escapatoria que me ayude a ver la luz de esta sociedad. Tan solo me encuentro con personas egoístas, falsas y manipuladoras. Sueño cada noche con despertar en un mundo justo, dónde los derechos de quienes vivimos en él sean respetados. Sin embargo, cada dia me doy cuenta de que mi sueño solo consiste en luchar contra molinos de viento. Jefes que saben como engañarte para que jamás alces la voz. Gobiernos, que ponen bellas palabras para decir atrocidades sin que nadie se de cuenta. Personas, que aunque sonríen, por dentro están rabiosas.

Yo, una ciudadana estúpida y sumisa, me doy cuenta de todo el tiempo que pierdo y he perdido. Te dicen que estudiar es la salida. Te dicen, que trabajar tiene recompensa. Te dicen, que con ganas en esta vida todo es posible. Y todo, todo es mentira. La verdad es que las leyes están hechas para tenernos callados. Son simples bromas con apariencia compleja, para que jamás intentemos entenderlas. Incluso quienes las estudian y practican, no son capaces de ver la trampa en la que estamos metidos.

Algo tan sencillo como una excedencia laboral, actualmente, la forma más barata de despido que tienen las empresas. Te hacen creer que respetan tu puesto de trabajo, que los años que has luchado para quedar fijo en una empresa tienen recompensa. Sin embargo, jamás puedes volver. Da igual que te hayas marchado por motivos personales. Da igual que sufrieses acoso laboral y decidieses marcharte un tiempo para recuperar fuerzas. Ellos, ya cuentan con que han ganado. Te han echado sin esfuerzo. Sin gastar dinero en ti. Sin responsabilizarse de sus actos.

Enfermas, y a la semana de una baja médica ya tienes a la mutua a tu lado poniendo en duda que realmente estés mal. Los trabajadores no tenemos derecho ni a enfermar, porque la presunción de inocencia para nosotros ha desaparecido.

En un tiempo, pensé, que pagaban justos por pecadores. En este momento, el pecado no es nuestro. Son ellos quienes quieren hacernos pensar así. El pueblo está descontento y no lo paga contra quien manda. Lo pagamos entre nosotros, porque pobres, ignorantes, creemos a quienes nos dirigen. Ya no luchamos. El ser humano se ha vuelto conformista con aquello que le toque vivir. Están desapareciendo nuestros derechos, y no hacemos nada para evitarlo.

Yo, desde mi posición, frustrada y agobiada por no poder escapar a su poder, lloro de impotencia al observar, que el resto del mundo sigue girando, y no hará nada para poner a cada uno en su lugar.


La revolución era mala cuando no había motivos. Ahora, sobran las explicaciones, y cada segundo perdido, nos conduce más rápidamente a la derrota.

1 comentario:

  1. No todos aceptamos las "normas" y "leyes" actuales.

    Algunos preferimos las reglas cívicas que se han seguido siempre para vivir en sociedad de manera normal, y no las normas dictatoriales de hoy en día para mantenernos a raya y sacarnos el dinero.

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