Miraba desde la ventanilla cómo iban pasando los campos a su alrededor. El sol le daba en los ojos mientras el viento agitaba su melena.
De vez en cuando le miraba. Estaba concentrado en la carretera y en señalarle aquellas casas perdidas en medio de extensas tierras. Aquellas casas en las que le gustaría perderse.
Miraba al cielo. Tan azul, tan lleno de nubes, de destellos de colores. Sonreía. Se sentía feliz. A pesar de que el día había empezado siendo un completo desastre, en su presencia todo parecía serenarse. El tiempo se detenía. Tan sólo estaban ellos. Ellos y sus sueños.
El asfalto había desaparecido. Un camino de tierra les guiaba entre el paisaje.
- ¡Oh qué hermoso!
El verde, el marrón y el burdeos se mezclaban ante su vista. Las vides estaban repletas. Racimos de uvas colgaban esperando que alguien los cogiera.
- ¡Nunca había visto algo así! Es precioso.
- ¿Quieres una?
- ¿Qué?
- Que si quieres uvas.
- ¿Podemos?
Bajó del coche como alma que lleva el diablo, con sus pantalones medio caídos. Subió, cogió un racimo, montó en el coche y se lo dio. Ella sonreía sin parar. Miraba el racimo como si se tratase de un tesoro, deseosa de probar aquellas preciosas uvas.
- Hasta que no las laves bien no puedes comerte ninguna.
- Es que tienen tan buena pinta...
Siguieron caminando entre árboles. Cruzaron campos de almendros inmensos. Ojalá algún día los vea en flor, pensaba ella. Algún día te traeré a verlos, decía él.
El camino se estrechaba. Historias iban y venían. Aquel disco cargado de recuerdos sonaba una y otra vez. Paró el coche.
- ¿Te vas a quedar ahí?
- Claro que no me voy a quedar aquí sola..
Bajó del coche. El viento seguía soplando. El sol aunque más bajo aún calentaba sus mejillas. La cogió de la mano y caminaron. Miró al cielo.
- Mira, parece que hay espuma en el cielo...
Y ahí estaban, un perro y una soñadora. Dos desconocidos hacía no mucho tiempo, compartiendo un trocito de su vida. Un coche, una carretera y un cd cargado de recuerdos escribían otro capítulo más de su historia..
Sin avisar. Siempre llega sin avisar... Môira
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