Lo intento, lo juro. Pero a veces exploto.
Me gustaría comprender cuál es la necesidad de sufrir por orgullo. Qué nos lleva a cegarnos de esa manera, incapaces de mirar lo que hay más allá de nuestras narices. Intento no juzgar, pero cuando la explosión llega se hace imposible.
Se supone que me estoy preparando para entender a todo el mundo, para ser capaz de apreciar el fondo de cada situación y poder hallar soluciones. Pero se hace tan difícil cuando miro desde mi propio cristal, que me es imposible no cegarme con sentimientos.
Quisiera decir muchas cosas y he de callarme para sólo dejar salir algunas cuando la puerta se abre sin yo quererlo.
Y otra vez, como pasa desde hace mucho y cada poco tiempo, cogería mis palabras y mis pensamientos y volaría lejos. Lejos donde no puedan encontrarme. Lejos donde nada importe. Lejos.
Huir no es solución. Habrá que hallar la forma de luchar en esta guerra. Môira
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