lunes, 26 de agosto de 2013
Sábados que sorprenden
El sábado se planteaba extraño. Un sábado sin verle, por ahí de fiesta, sola con las chicas y algunos desconocidos.
La teoría era buena: salir, beber, bailar y a dormir. Tal vez de noche, tal vez de día. Pero al llegar, todo dio un giro inesperado. La distancia se redujo y ahí estábamos, a unos pasos el uno del otro.
Debo reconocerlo, la mitad de la noche la pasé enganchada a sus manos, a sus besos, a sus palabras. Entre conversación y conversación se sucedían las caricias, las miradas, las bromas. Y aunque nunca me ha gustado que me "meen encima", reconozco que tiene su gracia cómo lo hace.
La señora "B" me llaman. Si no me incomoda el saber de "dónde viene y a qué se dedican" me preguntan. Pues no. Cada vez me gusta más y me aterroriza menos.
La noche transcurre rápida. Los planes cambian. Y justo cuando llegaba el final, va de nuevo el sábado y me sorprende.
Dirección... su casa.
Deseaba abrazarle en su cama, besarle en su cama, amarle en su cama. Lo siento, pero...
...los secretos de alcoba quedan entre amantes... Môira
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