jueves, 29 de agosto de 2013

Respiremos.



Dicen que "el mundo es un pañuelo", y ¡qué razón tienen!

Allá, a un montón de kilómetros de casa, nos los encontramos. La probabilidad de que ocurriese era tan pequeña, tan pequeña, tan pequeña, que ni lo habíamos pensado. Sin embargo, nada más entrar, ella. ¿Su reacción? Besarme y acto seguido preguntar: ¿te vas a controlar?

¿Qué si me voy a controlar? Claro, la "choni" es ella no yo. Aunque reconozco que si se hubiese acercado probablemente habría reaccionado de otra manera. Pero creo que en el fondo, es ella quien más miedo tiene.

Aquel "bareto cutre de playa" que muchos llaman "tasca"o "discoteca de verano" estaba lleno de gilipollas. Y para no ser menos, yo tenía que conocer a uno de ellos, que vino a ser, el más chulo de todos.

Si a ella nos la cruzamos nada más entrar, a él nos lo encontramos justo dónde las chicas habían decidido pararse a bailar. Lo sorprendente no fue verle, sino su reacción. Se lanzó a saludarme como si fuésemos amigos. Curioso cuando hacía 7 meses que no hablábamos y en los cuáles además, habíamos acabado peleados. Pero bueno, ya os he dicho que es un poco...

Sus comentarios nada más llegar fueron poco oportunos, pero la realidad, es que no se quedó ahí, no. Él tenía que probar a ganarse una mala contestación o un mal gesto. Y en el mismo momento en que Él se fue al baño, este se acercó con comentarios aún menos afortunados. Traté de no dar importancia a lo que me decía, y contestar con las negativas más educadas que tenía en mi cabeza, aunque me habría gustado darle una patada en los huevos, la verdad.

Lo peor es que Él no escuchó que decía, y mi reacción al parecer no le resultó tan desagradable como estaba siendo. Para mí, que no se fijó en la expresión de mis ojos. Cuando le conté lo sucedido su gesto cambió. Cambió a uno que aún no conocía, pero no fue tan malo como me esperaba. De hecho, tenía un poquito de miedo a su reacción, pero debía saber cuál sería. Y fue la mejor de todas las opciones posibles.

Es cierto que ambos nos fuimos a la cama un poco extraños, y que al día siguiente debimos aclarar ciertos términos, pero al menos yo, he sacado en claro una cosa importante, ya no tengo miedo. 


Aunque el pasado siempre vuelve, debemos afrontarlo cómo lo que es, pasado. Môira


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