domingo, 10 de mayo de 2015

Volvamos a pensar en voz alta

Un año, dos meses y cinco días es mucho tiempo sin escribir. Buscando por dónde empezar a coger ritmo de nuevo, he llegado a una entrada que dejé aparcada sin saber muy bien por qué. Así que allá va, comencemos a escribir de nuevo. Buenas tardes!

Son muchas las lunas que he visto desde mi ventana en 26 años. Muchos los amaneceres que me han visto abrir los ojos. Muchos inviernos. Muchos veranos. Muchos otoños. Muchas primaveras. Pero sin lugar a dudas, han sido muchas las personas que me han ayudado a llegar hasta aquí.

Como es lógico, mis padres. Pero no es lógico porque me dieran la vida. Es lógico porque me ayudaron a crecer. A caminar por los distintos caminos que iban apareciendo en mi vida. Unas veces acompañándome en el recorrido y otras, esperándome al final. Pero no han estados solos. Hay muchas, muchas personas que han hecho posible que sobreviva. Porque entre todos, me levantaban cuando me caía, me encontraban cuando me perdía, me animaban cuando sonreía y me enseñaban cuando no sabía.

Y...¿quiénes son todos? Pues todos son mi familia, mis amigos, mis compañeros de trabajo, mis compañeros de clase, mis profesores, mis vecinos... todos. 

 En este año, podría decir que mi vida ha dado un giro de 180º. Y al girar, una puede observar desde otras perspectivas a las personas que le rodean. Hay personas, que se ven iguales desde todos los ángulos. Otras cambian un poquito, de manera que el cambio es prácticamente insignificante. Pero hay otras, que no  sólo ves desde una perspectiva que antes no tenías, sino que al tiempo que tú girabas 180º, ellas lo hacían también, de forma que al final, estáis en puntos opuestos, por los que ambas habéis pasado. 

De ella puedo deciros que su nombre lo dice todo, es una lucha constante por el éxito. Unas veces acertada y otras equivocada. Es esa persona que jamás y digo JAMÀS me ha dado por perdida. Su mano ha sido tan fuerte que ha podido sacarme de los pozos más oscuros y profundos; y su sonrisa tan radiante, que ha iluminado cada instante de nuestra vida. Sin embargo, con los cambios de la vida, es ahora ella quien sin saberlo se encuentra perdida. Perdida en un mar de sentimientos enfrentados y pensamientos que le impiden ver la luz que hay al final del camino, tanto, que aún habiendo elegido mejor que nunca en su vida, se ha perdido. 

Lo curioso de las personas es que cuando nos perdemos, no sabemos que andamos perdidas. Creemos que lo sabemos todo incluso cuando no sabemos nada. Es por eso que quisiera decirle lo mucho que ha crecido, que ha aprendido, y lo maravillosa que puede ser ahora su vida desde una nueva perspectiva. Quisiera poder decirle que llegará el día en que realmente deje de mirar a lo lejos y tan sólo tenga que volverse para ver todo lo que quiere. Quisiera que pudiera entenderme cuando le digo que está cerca el final del camino. Que sé que anda buscando y que a veces, sin querer, encontramos. 



Cuando menos lo esperamos, es cuando realmente lo disfrutamos. Môira.






No hay comentarios:

Publicar un comentario