A veces, una parte del alma se rompe en mil pedazos. Pedazos que salen disparados hacia el infinito, perdiéndose en la nada.
Algunos trocitos se quedan vagando, esperando que alguien los recoja y los devuelva a su sitio original.
Pero, aún siendo el artesano, un maestro de la reconstrucción, ese trocito del alma jamás volverá a brillar con la misma luz. Tal vez, jamás vuelva a brillar con luz propia.
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